CAPÍTULO IV - Embellecimientos artificiales.
Los que son retirados el favor a la vez por la naturaleza y por la fortuna pueden para gustar en recurrir a medios artificiales a tales como éstos:
Un ungüento hace con coronaria tabernamontana, el costus speciosus o arabicus y el calaphracta flacourtia. Frotamos todo el cuerpo y nos hacemos tan agradables para la vista.
Si se pasa un polvo (pólvora ?) fino extraído de las plantas más arriba a la llama de una lámpara alimentada con aceite de vitriolo azul, obtenemos una pintura negra que se pone sobre las pestañas.
Empleamos, de la misma manera que el primer ungüento más arriba mencionado, extraídos aceites de varias plantas: la hierba de carne de cerdo (puerco ?) , el échites putrida; y pinturas negras tiradas (sacadas ?) de las mismas plantas o de su mezcla, y el ungüento compuesto también.
Atribuimos (Otorgamos ?) la misma propiedad a un polvo (pólvora ?) formado de algunos vegetales y qué comemos después de haberlo mezclado con miel.
Un hueso de pavón o de hiena dorado atado a la mano devuelve a un hombre agradable para los ojos de otros [35].
El mismo éxito si se ata la mano un rosario de granos (tonos ?) de jujubier y de conchas, encantando de la manera indicada por Atharva-Véda (libro (libra ?) de los encantamientos mágicos) o por un mago (Apéndice 2) hábil.
[ Nota 35: damos este detalle como singularidad de gusto, y el siguiente como ejemplo de superstición.]
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